Archive pour mars 2010

PARA UN ROSTRO HERMOSO: NARANJA Y AZUCAR

Lundi 8 mars 2010

NARANJA Y AZUCAR PARA UN ROSTRO HERMOSO Y RADIANTE

 

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La naranja y el azucar son dos  elementos muy útiles en la magia para rituales de amor, amarres, pasión etc. En esta ocación presentare una receta de una amiga bruja Alemana que usaba y es un legado de otras brujas hermanas.

La bruja más que otro ser magico atravez de la historia ha sido adornado como un ser maligno, deforme, con la nariz ganchuda, arrugas, berrugas, escamas en las manos, etc. La iglesia Medieval nos la presentó como un ser maligno y horripilante. Pero esto no es así, las brujas y los magos tenemos las pociones, conjuros que usamos para vernos mejor, ser atractiv@s, etc.

E aqui una receta que nos ayudara a tener un  Cutis libre de impuresas,  lo pueden usar para combatir arrugar, tener una piel más lozana, para la piel grasa, etc…

 

Ingredientes:

 

*Naranja dulce

* Azucar blanca o morena (no splenda)

* Incienso

* Musica, opera.

 

Procedimiento:

 Terminando de darse el baño normal, tomara un poco de azucar en su mano y exprimira la naranja sobre el azucar, frotara las manos y se exfoliara la cara con eso, repetir operación varias veces y dejar reposar el rostro durante 15 min.

Encenderemos un poco de incienso en cono, rosas, reina de la noche, agrimonia, sandalo u orquideas, nor relajaremos en la tina de baño o en una silla de plastico que meteremos al baño y pondremos musica, operas, recomindo l’elisir d’amore de Gaetano Donizetti.

 

Pasado el tiempo de reposo, lavarse la cara con agua normal y veran resultado favorables, recomiendo hacerlo una o dos veces por semana. Tiene quese naranja dulce para evitar que el acido citrico nos queme, si presenta alguna irritación supenda el tratamiento, no existe ninguna contraindicación, todo depende de la presión que hagamos al exfoliar.

 

Bendiciones.

javeir branch

 

 

LAS TEPAS, BRUJAS O BOLIFUEGOS

Dimanche 7 mars 2010

LAS TEPAS, BRUJAS O BOLIFUEGOS

 

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Las tepas, segun las tradiciones oráles, son unas entidades espirituales negativas que pueden causar daño, se alimentan de la sangre humana  y pueden tambien encantar a la gente, llevarsela y causarles una infinidad de emfermedades magicas como el espanto, entre otros… Son llamadas tepas en las régiones del valle de méxico, milpa alta, toluca, pachuca y el estado de méxico. Los abuelos cren o creian que las tepas son las brujas que montadas en su escoba surcan los cielos nocturnos y se pueden ver en  forma de bola de fuego con colores brillantes metalicos volar sobre los sembradios de maiz, o en la zonas montosas, nopaleras o bosquozas.

Se cre que las tepas son seres malignos que se alimentan de la sangre de las personas, animales, etc, entran a la casa muy sigilosamente y bajando un hilo semenjante al de una tela de arana punsan al que duermen y le chupan la sangre, al dia siguiente la persona amanece morada del cuello, con dolores y malestares.

Es por eso que las abuelas o la gente mayor pone antes de dormir o cuando se ven a las tepas volar, un vaso con agua y sobre él, una tijera abierta. Se cre que cuando el hilo de las tepas baje para chupar la sangre, la tijera cortara su maligno punzon y no podran chuparte.

Una amiga bruja me contó que sus abuelos son de un pueblito muy cerca de Toluca y cren en las Tepas, dice que las ha visto volar, que se ven como unas bolas de fuego, su abuela una vez le dijo: « hija deja de ver a esas malditas brujas porque si se dan cuenta de que las estas mirando vendran hacia atí », como ha de ser, mi amiga no entendió e hizo caso omizo a la abuela, al poco rato vio como las tepas se acercaban a alta velocidad a su casa, ella grito y la abuela como vuela bruja, saco su escoba y la paro con las ramas hacia arriba, saco agua bendita y roció la casa, tomo unos limones, ajos, chiles y algunas hiervas y especias que tenia en la alacena, prendio su anafre y quemo todo los ingredientes con un poco de aguardiente, saco su anafre y las tepas huyeron de su casa.

En el norte de veracruz, en la région de la huesteca, estas bolas de fuego tienen otro nombre, son llamados bolifuegos, porque son similares a bolas de fuego voladoras. Mi abuelo dice que pasaban muy seguido por alla de 1930, y por los tiempos de la revolición méxicana, cuando los pelotones de soldados, llamados la bola o la leva pasaban y reclutaban a la fuerza a los hombre y mataban sin piedan sin importar edad, sexo de la gente. Los abuelos creian que estas esferas de fuego no eran más que las almas en pena de algun asesinado o de alguien que murió de una forma tragica y dolorosa. Se dice que cuando mueren y no les ponen una cruz como señal de que allí murio, el alma del difunto se levanta a los nueve dias en forma de una bola de fuego y viaja por los montes y lugares sombrios durante la noche, al caer el dia caen al suelo y se levantan al anochecer para seguir su camino buscando algun descanzo.

Cuando los bolifuegos pasaban y eran visto por los niños, las abuelas nos jalaban las orejas porque se creia que si no se hacia esto, el niño quedaria chaparro o enano. Si al bolifuego se le hacia la señar de la cruz o se decia una plegaria piadoza, este se decendia al suelo y caia en forma de una bola de guzanos.

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En otros lugares como en el sur de veracruz, las choapas, etc, se cre que son las brujas o las nahualas que vuelan por el cielo nocturno, y lo mismo si se le hace la señal de la cruz o se reza, estas caeran al suelo, algunas veces caen y se convierten en algun animal o toman forma de guajolotes, totolas, puerco, etc…

 

Ten cuidado al tumbar alguna bruja esta puede enojarse y chuparte o bien llevarte a su casa, volverte maceta o darte calabaza.

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Una linda cancion: « LAS BRUJAS » de Francisco Gabilondo /Cri-Cri

Bendiciones

JAVIER BRANCH

 

LA LLORONA

Samedi 6 mars 2010

LA LLORONA

 

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Consumada la conquista y poco más o menos a mediados del siglo XVI, los vecinos de la ciudad de México que se recogían en sus casas a la hora de la queda, tocada por las campanas de la primera Catedral; a media noche y principalmente cuando había luna, despertaban espantados al oír en la calle, tristes y prolongadísimos gemidos, lanzados por una mujer a quien afligía, sin duda, honda pena moral o tremendo dolor físico.

Las primeras noches, los vecinos contentábanse con persignarse o santiguarse, que aquellos lúgubres gemidos eran, según ellas, de ánima del otro mundo; pero fueron tantos y repetidos y se prolongaron por tanto tiempo, que algunos osados y despreocupados, quisieron cerciorarse con sus propios ojos qué era aquello; y primero desde las puertas entornadas, de las ventanas o balcones, y enseguida atreviéndose a salir por las calles, lograron ver a la que, en el silencio de las obscuras noches o en aquellas en que la luz pálida y transparente de la luna caía como un manto vaporoso sobre las altas torres, los techos y tejados y las calles, lanzaba agudos y tristísimos gemidos.

Vestía la mujer traje blanquísimo, y blanco y espeso velo cubría su rostro. Con lentos y callados pasos recorría muchas calles de la ciudad dormida, cada noche distintas, aunque sin faltar una sola, a la Plaza Mayor, donde vuelto el velado rostro hacia el oriente, hincada de rodillas, daba el último angustioso y languidísimo lamento; puesta en pie, continuaba con el paso lento y pausado hacia el mismo rumbo, al llegar a orillas del salobre lago, que en ese tiempo penetraba dentro de algunos barrios, como una sombra se desvanecía.

« La hora avanzada de la noche, – dice el Dr. José María Marroquí- el silencio y la soledad de las calles y plazas, el traje, el aire, el pausado andar de aquella mujer misteriosa y, sobre todo, lo penetrante, agudo y prolongado de su gemido, que daba siempre cayendo en tierra de rodillas, formaba un conjunto que aterrorizaba a cuantos la veían y oían, y no pocos de los conquistadores valerosos y esforzados, que habían sido espanto de la misma muerte, quedaban en presencia de aquella mujer, mudos, pálidos y fríos, como de mármol. Los más animosos apenas se atrevían a seguirla a larga distancia, aprovechando la claridad de la luna, sin lograr otra cosa que verla desaparecer en llegando al lago, como si se sumergiera entre las aguas, y no pudiéndose averiguar más de ella, e ignorándose quién era, de dónde venía y a dónde iba, se le dio el nombre de La Llorona. »

Tal es en pocas palabras la genuina tradición popular que durante más de tres centurias quedó grabada en la memoria de los habitantes de la ciudad de México y que ha ido borrándose a medida que la sencillez de nuestras costumbres y el candor de la mujer mexicana han ido perdiéndose.

Pero olvidada o casi desaparecida, la conseja de La Llorona es antiquísima y se generalizó en muchos lugares de nuestro país, transformada o asociándola a crímenes pasionales, y aquella vagadora y blanca sombra de mujer, parecía gozar del don de ubicuidad, pues recorría caminos, penetraba por las aldeas, pueblos y ciudades, se hundía en las aguas de los lagos, vadeaba ríos, subía a las cimas en donde se encontraban cruces, para llorar al pie de ellas o se desvanecía al entrar en las grutas o al acercarse a las tapias de un cementerio.

La tradición de La Llorona tiene sus raíces en la mitología de los antiguos mexicanos. Sahagún en su Historia (libro 1º, Cap. IV), habla de la diosa Cihuacoatl, la cual « aparecía muchas veces como una señora compuesta con unos atavíos como se usan en Palacio; decían también que de noche voceaba y bramaba en el aire… Los atavíos con que esta mujer aparecía eran blancos, y los cabellos los tocaba de manera, que tenía como unos cornezuelos cruzados sobre la frente ». El mismo Sahagún (Lib. XI), refiere que entre muchos augurios o señales con que se anunció la Conquista de los españoles, el sexto pronóstico fue « que de noche se oyeran voces muchas veces como de una mujer que angustiada y con lloró decía: « ¡Oh, hijos míos!, ¿dónde os llevaré para que no os acabeís de perder? ».

La tradición es, por consiguiente, remotísima; persistía a la llegada de los castellanos conquistadores y tomada ya la ciudad azteca por ellos y muerta años después doña Marina, o sea la Malinche, contaban que ésta era La Llorona, la cual venía a penar del otro mundo por haber traicionado a los indios de su raza, ayudando a los extranjeros para que los sojuzgasen.

« La Llorona – cuenta D. José María Roa Bárcena -, era a veces una joven enamorada, que había muerto en vísperas de casarse y traía al novio la corona de rosas blancas que no llegó a ceñirse; era otras veces la viuda que veía a llorar a sus tiernos huérfanos; ya la esposa muerta en ausencia del marido a quien venía a traer el ósculo de despedida que no pudo darle en su agonía; ya la desgraciada mujer, vilmente asesinada por el celoso cónyuge, que se aparecía para lamentar su fin desgraciado y protestar su inocencia. »

Poco a poco, al través de los tiempos la vieja tradición de La Llorona ha ido, como decíamos, borrándose del recuerdo popular. Sólo queda memoria de ella en los fastos mitológicos de los aztecas, en las páginas de antiguas crónicas, en los pueblecillos lejanos, o en los labios de las viejas abuelitas, que intentan asustar a sus inocentes nietezuelos, diciéndoles: ¡Ahí viene La Llorona!

Aunque de vez en cuando todavia se puede escuchar su lamento!!

 

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  LEYENDA TOMADA DEL LIBRO :

Las calles de México, Leyendas y sucedidos. Luis González Obregón

TEMA : LA LLORONA, EUGENIA LEÓN 

BY JAVIER BRANCH 

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