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HISTORIAS DEL CALDERO : « Los hijos del arbol »

Jeudi 10 décembre 2009

 

                         Los hijos del arbol

 

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 UN CUENTO FASTASTICO  DE JAVIER BRANCH, BASADO E INSPIRADO EN RECUERDO DEL ARBOL QUE CANTABA, DERRIBADO POR SR. DON JUAN P.EN EL AÑO DE 1935,  QUIEN TIEMPO DESPUES MUERE TRAGICAMNENTE.

 

Corre el año de 1910, el tiempo ha  sido muy bueno, las cosechas abundantes y la sequía no nos ha afectado. Yo me llamo Manuel y soy el quinto de mi familia, nosotros nos dedicamos a la agricultura  y a  la crianza de ganado.  Vivo en  un pequeño pueblo llamado Tantoyuca.  Mi papá se llama Damián, él es un hombre muy bueno y temeroso de Dios  y mi madre, Cristina, es una mujer de casa, dedicada a nosotros.

A mí me gusta jugar, especialmente en un árbol que se encuentra en el lienzo de nuestra hacienda.  Es un árbol muy grande, grueso y en medio de él, en su corazón,  hay una pequeña cueva.  El abuelo Basilio dice que cuando él llego a esta tierra, el árbol ya estaba ahí, con su grandeza imponiéndosele al feroz viento. Cuando mi  papá no me encuentra comienza a gritar:

­­­­­¿Manuel donde estas? ¿Donde te has metido? ¡Cuidadito estás en el árbol!

Papá nos tiene estrictamente prohibido que nos acerquemos a jugar en el árbol, yo no sé por qué. A mí me da angustia cada vez que comienza a gritar  y yo tengo que bajar corriendo a donde él. No saben la paliza que me espera.  Creo que el árbol  se pone triste  cada vez que lo dejo solo y creo que hasta llora.

 

 La misa.

 

 Nosotros somos una familia muy católica y cada domingo tenemos la costumbre de ir a misa, a mí no me gusta mucho pero tengo que ir. Mí mamá se levanta muy temprano y comienza a despertarnos  a cada uno para que nos arreglemos, pero yo me enredo más con mi cobijita hasta que Felipillo, mi hermano, me echa agua  en la cara y tengo que levantarme rápido.

Hoy llega el nuevo Padre y tenemos que ir a encontrarlo, nos vamos toda la  familia, cada quien en su caballo y yo  me voy en el borrico que me regaló el abuelo. Después de mucho cabalgar llegamos a san Sebastián y a lo lejos se escucha cómo la gente se acerca a donde estamos, vienen entonando cantos y rezando. Mi padre nos dice: “Pronto, inclínense que el padre se acerca”. Él lo recibe y le besa la mano y todos hacemos lo mismo, yo pienso:”Que feo, que tal si no se lavó las manos”. Mamá, como advirtiendo mi pensamiento, me dice:

 “Manuel ponte serio”.

Siempre he pensado que mi madre es una bruja porque  adivina lo que hago o lo que escondo.  Seguimos caminando en procesión hacia la iglesia. Al llegar el Padre, se baja de su caballo y doña Chabelita Ostos saca de su bolso una gran llave y con ella el Padre abre las puertas de la iglesia. Cuando él comienza la misa empieza hablar en una lengua extraña. Papá dice que se llama latín y que es muy importante saberlo.

Las gentes que no entienden el latín  y que van a misa llevan  una vela, la prenden y comienzan a rezar. Sólo mi padre y algunas gentes ricas que son creyentes contestan porque saben algo.

 

El toro rojo.

 

Otra vez se nos hizo tarde para por  el agua y ahora  me toco acompañar a mi hermana Noelia. El pozo está algo lejos y tenemos que ir al de La Providencia porque el pozo de el Javo no da buena agua, esta salada. Papá dice que  se volvió así  porque don Mateo  no dejaba sacar agua de él. 

Ya está oscureciendo y la noche comienza a envolver al monte con su manto negro, las luciérnagas comienzan a prender su luz y nosotros  caminamos más a prisa alumbrados con el claro de la luna. Mi hermana lleva su cántaro lleno de agua y yo mi porrón, pesa algo, pero ni modo. Para no tener  miedo a mi hermana y a mí se nos ocurre cantar los cantos que nos enseñan en el catecismo, así Dios nos protegerá y no tendremos miedo, al menos eso pensamos  y comenzamos a cantar:

  

De Jesús soy soldadito

Mi estandarte es la cruz

Siempre mi grito de guerra

Ha de ser viva Jesús

Viva Jesús, viva Jesús.

 

Al caer la negra noche

Caminamos con Jesús

La virgen nos protege

Viva Jesús, viva Jesús.

 

Después de mucho caminar, el canto se nos ha acabado y ya no nos sabemos otro, pero la culpa la tiene don Juan que no nos enseñó muchos cantos en el catecismo. Entonces a mi hermana se le ocurre rezar, pero como apenas estamos yendo a la doctrina solo nos acordamos de decir: “Ave María, Ave María, Ave María”. De pronto, a lo lejos en la loma, por la casa de don Pablo  Ponce vimos venir a un toro, pero  un toro rojo envuelto en llamas y bramando. Del susto deje caer mi porrón con agua y mí hermana su cántaro y comenzamos a correr por la vereda. Cuando volteamos ya no había nada.

 Llegamos a la casa muy asustados y cansados, le contamos a papa lo sucedido, él enseguida nos barrió con unas hierbas  para pasar el susto.

 

Don Juan el curandero

 

Toda la noche mí hermana y yo ardimos en fiebre, papá muy de madrugada fue a ver a don Juan, el curandero y  en la mañana llego por  nosotros.

Caminamos un poco y llegamos a la casa de Don Juan, dijo que el mal había sido muy fuerte y que iba hacer que pronto  se fuera. Nos barrio con hierva negra y un huevo de gallina negra también, lo partió en un vaso con agua y ahí se formo  lo que según él aviamos visto. Dijo que  era el mismo diablo mandado por doña Joaquina la bruja, pero al perseguirnos se topó con el agua del pozo de la providencia y que eso la había detenido. Pronto nos barrió con una  piedra  y unos chile, los aventó al fogón mientras rezaba en una lengua extraña. De pronto la piedra se comenzó a inflarse y a sacar mucha espuma como un perro rabioso y se formo una calavera.  A mí me dio mucho miedo, a la calavera se le fue cerrando un hueco  que tenia y después nos dijo que el mal se había retirado,  al final los chiles tronaron, él dijo que con eso a doña Joaquina le iban a arder las manos, para que dejara  de molestar.

 

La loca Hermelinda

 

Como todos los días  tengo que ir a la escuela, a mí me gusta mucho porque aprendo bastante. El maestro que tenemos es muy bueno. No es como el otro que nos jalaba de las patillas o nos pegaba con el metro si no leíamos bien. Mi maestro se llama Arturo y lo queremos muchísimo, él nos ha dicho que hay muchos países, animales y flores que no hemos visto ni en los sueños, nos habla de niños de color que viven y montan en grandes elefantes, gentes que hablan lenguas extrañas, y que todo eso se encuentra más allá de los mares, aunque no sé bien qué es el mar, se que es más grande que un lago. Yo le digo a mi papá que  cuando sea grande seré un viajero y él me dice que no sueñe que no llegare a México ni aunque mi borrico vuele.

Me gusta ir a la escuela porque aprendo muchas cosas, pero me da mucho miedo porque a veces nos sale por el  camino la loca Hermelinda. Ella es una señora  que se viste de novia, corretea y pega con piedras.  Mama dice que se volvió así porque la dejaron plantada el día de su boda y que su papá la abandono. A mí me da mucha lastima su historia, pero me da más miedo  cada vez que grita o que veo que viene por la vereda. Yo corro lo más que puedo o me subo a algún árbol o  me escondo entre el pasto.

 

Los tiempos cambian.

 

Estamos en día de muertos y papá ha matado el puerco grande para la fiesta, mamá  y mi hermana Ángela y Alma ayudan a envolver  los tamales, mientras que yo con mis hermanos vamos a moler el nixtamal al molino.

Mi papa hace el arco con ayuda de Felipe mi hermano. Y el abuelo nos cuenta  porque hacer el arco.

Pasamos la fiesta en paz rezándoles a nuestros difuntos.

Los días pasan, es domingo  y papá ha llegado de la plaza y  comienza a hablar  en Teneck para que nosotros no entendamos, pero vemos la cara de preocupación de ella. Después mamá  nos reúne y nos dice:

Hijos la situación a cambiado, ha estallado una gran guerra, la revolución.

Nosotros ya sabemos lo que es una revolución porque el maestro en la escuela nos lo ha dicho. Él está muy preocupado porque creo que la guerra va para largo  y cerraran la escuela. A mi eso me pone triste.

El ambiente en el pueblo ha cambiado y aunque vivimos en medio de la nada, entre el monte y la montaña, papá dice que se avecina un tiempo malo y difícil, que tenemos que levantar la cosecha lo más rápido posible, que ya no iremos más a la escuela porque no es seguro. Jugar ya no es lo mismo, el trompo o el balero ya no tienen chiste.

Esta tarde pasaron  muchos aviones por el cielo, que miedo nos dio porque jamás  los aviamos visto, pero el maestro nos lo dijo: “Esos son los aviones, pero no son del país, son los malditos gringos”

 

Las tropas llegan a mi pueblo

 

 En la madrugada llegó don Gelacio un trabajador de mi padre y   ya hace una hora las campanas de la iglesia nos habían despertado. El llama a mi papá,  él se levanta de su cama, prende el candil  y sale a ver al señor. No sé que tanto hablaron, papá se ve preocupado. Sin mentirnos nos dice que las tropas han llegado a Tuxpan y que no tardaran en llegar aquí. A los bandidos  que estaban presos  anoche los sacaron para  mandarlos a la guerra. Papa esta preocupado por nosotros no valla a hacer que  nos hagan algo. Ya muchas familias han huido a la montaña a esconderse.

 Así otro día  pasó  y papá quiere irse a la montaña, ha agarrado la carabina y nosotros todas nuestras cosas importantes, pero el abuelo le dice que no. Que no huiremos a la montaña porque allá  hay muchos bandidos.

En el pueblo ya los hijos de los ricos se han casado para que no los manden a la guerra y algunas familias se mudan a sus haciendas.

Se escucha a lo lejos los tiros de las bayonetas y las carabinas, el abuelo  nos dice que no perdamos la calma, que haremos todo a su tiempo  y Felipillo me  abraza y me dice:

No te dejare manu… papá nos defenderá.

Ahora  el abuelo, papa  y mama comienza a hablar y a discutir.

Síganme- dice mi padre.

Lo seguimos hasta llegar frente al árbol. El abuelo reza frente a él, yo no entiendo nada. El árbol comienza a moverse como despertando de un largo sueño y en su gran tronco aquella cuevita ingenua y pequeña comienza a abrirse y ha hacerse más grande, papá dice que nos metamos ahí, yo tengo miedo. Atrás se escuchan los disparos y el relinchar de los caballos.

Todos hemos entrado y sólo el abuelo parece  saber en  dónde estamos. Es un lugar muy hermoso, con muchos cantos, sonidos y un suave viento que no sé de dónde proviene. Es mundo tan bello y ya los disparos ni se escuchan. Abuelito dice que debemos de tener mucho cuidado porque no es nuestro mundo, es el mundo de Gaia dónde habitan los seres de la naturaleza, los nomos, los faunos, los tímeles y toda clase de seres místicos tanto buenos como malos. De pronto, una gota de agua me cae en la cara, volteo hacia arriba y  mi árbol ahí está, inmenso, frondoso, se mueve tan  perezoso ante el fresco viento mientras desprende pequeñas florcillas azules, parece que canta y sentimos una gran tranquilidad, nos esta ablando.

 

Hora de acampar

 

Papa nos advierte que sólo estaremos de paso en ese mundo mágico.  Pronto conseguimos algunas varas y algo de palma para hacer una pequeña choza,  mientras mi mamá consigue unas piedras para levantar una fogata.

 Nos mantenemos juntos y tratamos de ir lejos, tomamos algo  de comer, pero pronto se nos acabará. Creo que papá ha estado antes aquí, se ha parado cerca del precipicio y su mirada se ha  perdido  entre aquella selva de enormes árboles, se ha quedado inmóvil durante unos minutos, suspira profundamente, se da la vuelta  y su silencio es tan profundo. A lo lejos se escucha un hermoso canto acompañado por miles de voces y con una música tan suave, me hace sentir tan vivo, todos nos paramos y miramos hacia el horizonte, atardece y en el aire esas notas de música revolotean mientras que el cielo se ha puesto de mil colores. Es el rinocenzontle, dice mi padre, la más bella criatura después de los ángeles. Es un ser  mágico, grande, estupendo y de su cuerno de añil salen esos cantos de cuatrocientas voces, corre y canta, duerme y canta. Los ojos de papá se han iluminado, parece un niño.

 

Los problemas

 

 Llevamos aquí una semana,  el agua se termino y la comida se agota. El abuelo toma unos cubos y dice que va ha buscar algo de agua, papa trata de persuadirlo, pero él es algo necio.

Estamos algo preocupados porque él no ha regresado. Después de un rato vemos que se acerca pero no viene bien, papá lo va a ayudar. El  está  un poco agitado, papá le habla, pero él parece no escucharlo, después de un momento y con un hilito de voz dice lo que  pasó. Al acercarse al arrollo para tomar el agua, escucho una  voz que venia desde lo profundo del agua, una mujer se comenzó a formar y le hablo con su dulce voz y encanto  a mi abuelo, la mujer esa lo persiguió aventándole flechas hechas con el agua, pero fue tanta la impresión del abuelo que en  ese momento se empezó a sentir muy mal. Lo acostamos y le dimos algo de beber.

Un día ha pasado desde qué al abuelo le paso eso. Él esta muy mal, ha adelgazado mucho y ya no quiere comer, en su rostro se dibuja el miedo. Mis padres están muy preocupados, toda la noche se la pasaron cuidándolo.

Papá se para como si se acordara de algo y dice:

Hace muchos años yo estuve en este mundo que conocí por casualidad y en el que perdí a mi hermano ¾papá llora.

Ahora entiendo por qué él no quería que yo me acercara al árbol.

Allá, pasando esa espesa selva, hay un pozo con agua milagrosa capaz de curar heridas y salvar de la muerte. Tenemos que ir por ella, pero es muy difícil.  Hay que pasar por la selva y un  pantano para  llegar a la gruta y entrar a una pequeña cueva en dónde sólo cabria Manuel.

Yo siento un enorme frío al oír eso, pero yo quiero mucho al abuelo y no quiero que nada malo le pase. Tomo la mano de papá y le digo: “papi vamos tenemos que ir”. Mamá se ha puesto triste  al igual que mis hermanos, pronto partiremos.

Hemos tomado un pequeño porrón con algo de agua y un poco de comida para el camino,  nos despedimos de todos, mamá llora pero hay que ir, me agarro de la mano de mi padre y juntos emprendemos el viaje.

Llevamos un día caminando, el bosque es tenebroso y hay mucho silencio.

No tengas miedo hijo, yo estoy contigo¾ dice mi padre. Tenemos que descansar y dormir un poco. La noche ha caído y los peligros abundan, nos recargamos en un árbol, pero antes hacemos un círculo con leña, la prendemos y dormimos en medio. Ya dormidos el mal nos asecho. Papá comenzó a moverse, tener visiones  y a hablar, él llamaba a su hermano y parecía  verlo, comenzó a caminar en medio del bosque y sólo la gran luna nos alumbraba con su luz. Yo también tuve visiones, vi a mi perrito, pero luego supe que no era él. Veía mujercitas con alas, pero tenían los ojos rojos, como el toro de la otra vez,  supe que era el mal, así que me armé de valor y les dije que se fueran, ¾¡váyanse!, les grite, comencé a decirles que se fueran hasta que desaparecieron. Al irse apareció el rostro de un vieja carcajeándose, era doña Joaquina la bruja. Cuando papá reacciono  comenzó a llamarme y  yo le conté lo que vi y él exclamo: 

Maldita vieja ella no nos dejara llegar fácilmente.

Papá saco un amuleto y me lo puso en el cuello y me dijo que eso me iba a defender de la magia obscura. Doña Joaquina tiene pacto con el más allá y con los demonio, ella puede entrar y salir de este mundo  las  veces que  quiera, pero tenemos que llegar a donde el agua mágica.

Pronto amaneció y caminamos más seguros, en eso, al entrar en un claro encontramos un lindo y hermoso  caballo con un cuerno en la frente y papá dijo: “Eso es un unicornio”. Yo corrí a dónde estaba, lo toqué y me miro con esos ojos tan azules como el cielo, con tanta paz y amor. Y siguió a su manada.

Hijo mió, me alegra que no temas a este mundo. Cuando yo entré aquí, no sabía a dónde ir, qué hacer, tenia mucho miedo y perdí a mi hermano, quiera Dios y lo encontremos vivo dijo mi padre.

Caminamos, salimos del bosque y llegamos a una pradera. El cielo era completamente azul, más de repente, una gran nube negra lo comenzó a nublar, papá me abrazo  y corrimos lo más que pudimos, la lluvia quemaba  y los rayos caían atrás de nosotros, hasta que me toco.

Sentí que mí cuerpo se despedazaba. El rayo me elevaba y yo no me podía mover, me sentía morir.  Papá estaba tirado en el pasto inconsciente, el rayo seguía sobre, pero de repente algo lo detuvo, fue como si una flecha del cielo hubiese desviado el rayo y  en ese instante, el cielo se despejo.

De entre los pastos salió un niño de mi edad, él fue quien me salvó  y disparo quién sabe qué cosa. Me miré y me sonrió,  se parecía tanto a mí,  se acercó cada vez más y me toco el rostro. Cuando papá reacciono, lo vio, lloro de emoción, era Fernando su hermanito que tiempo atrás el había perdido,  pero no había cambiado nada, seguía igual como cuándo se separaron, papá le habló y él respondió un poco tímido. Lo abrazó y lloramos juntos.


 

Ahora somos 3 en camino

 

Fernando parecía conocer con exactitud el lugar, papá le contó  lo que le sucedía al abuelo y juntos emprendimos el viaje.

Caminamos por un pantano con cocodrilos y serpientes, pero Fernando tan tranquilo nos mostró por dónde ir.

Hace tres días que salimos, debemos apresurarnos porque el abuelo cada día que pasa está al borde  de la muerte.

Hoy en la tarde hemos llegado, es un pequeño poso junto a un gran árbol, cogemos el agua y juntos regresamos sin temor.

Cuando llegamos el abuelo estaba ya no se movía, le dimos el agua y como por arte de magia fue volviendo en si y comenzó a ganar peso nuevamente, al ver a Fernando, su hijo, que hace más de 25 años había perdido. Lo abrazo y lloro con él.

En ese mundo estuvimos  sólo unos meses mientras en nuestro pueblo todo regresaba a la normalidad. Por fin Ha llegado la hora de volverdijo papá.

Cogimos nuestras cosas  y volvimos. El árbol nuevamente nos abrió aquella pequeña puerta  y llegamos a casa. Nuestro terreno sigue igual y la casa más vieja y sucia, hay mas vecinos, la cuidad es más grande, ahora se trasladan en autos  y la guerra hace tiempo que termino. Fue una gran sorpresa para nosotros porque en ese mundo sólo estuvimos 17 meses y cuando volvimos todo había cambiado. Lo que nosotros vivimos en meses en el mundo real fueron años.

Volvimos a casa un 30 de noviembre del año de 1990. Una nueva vida, una nueva era y cosas que aprender del nuevo mundo.

 El abuelo Basilio murió en el año de 1997.

Doña Joaquina la bruja murió hace muchos años antes de nuestro regreso. La gente dice que murió  muy sola.

Y hoy que tengo  sobrinos a ellos le encanta jugar dónde esta el  árbol y ahora nadie se los impide. En las noches de luna el árbol se mueve perezoso, parece que canta. Bajo sus ramas pequeños animalitos recogen su fruta,  papá dice: “Son los hijos del árbol”.

 

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el bolifuego

Jeudi 10 décembre 2009

 

los bolifuegos

 

 

 

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No existen documentos que confirmen  lo que son exactamente estas extrañas bolas de fuego que pasan por el cielo de la huasteca veracruzana y algunos estados como san luis potosi, hidalgo, queretaro y tamaulipas.

Existe la creencia entre los brujos,   nahuales y los abuelos (le gente mayor) que estas singulares bolas de fuego son sin duda el alma de alguien que ha muerto asesinado y en el lugar en que murio no se le puso una cruz como señar de su muerte.

 

Decia el abuelo brujo, que en la epoca de la revolucion mexicana por haya de 1920, cada noche pasaba el bolifuego, y existia la creencia de que si un niño lo veia se podia quedar enano, es decir no crecer, y las abuelas como buenas conocedoras de la magia chamanica y la curanderia, barrian el cuerpo del niño con hierva negra, aguardiente y le jalaban las orejas 7 veces para que el encantamiento del bolifuego se fuera.

 

Tambien se dice que cuando se veia el bolifuego, era señar de un mal augurio y entonces los abuelos o la gente que lo veia pasar, hacia la señar de la cruz y al instante decian plegaria catolica y el bolifuego caia al suele, pero ya no en fuego si no que se convertia en una bola de gusanos, y pasados los 9 dias este se levantaba de nuevo y seguia su camino!!

 

nahual si ves un bolifuego jalate las orejas o chaparro te quedaras!!! 

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